La necesidad de proteger
nuestro Patrimonio Natural, no es un problema exclusivo de nuestro
tiempo; hace siglos que nuestros gobernantes idearon, entre otras
medidas, la creación de colectivos encargados de velar por
su conservación. Ya en el año 1677, reinando Carlos II, se dictó una
Real Ordenanza disponiendo: "La vigilancia de las masas arbóreas
y los animales salvajes que las habitasen por todas las autoridades
de la monarquía a quienes correspondiesen".
Fernando VI, dicta otra ordenanza en el año 1748, que en
su art. 25 nombra a los "Guardas de Campo y Monte con ese título,
o el de Celadores, ordenándoles que prendan, denuncien a
los taladores, causantes de incendios, introductores de ganados
plantíos, procurando que dichos guardas sean hombres de buena
opinión, fama y costumbres".
Días después, con un decreto nombra a otras personas
que "actúen hacia el mismo fin, usando de un saber ganado
con el estudio que les permita hacer o mandar lo más concerniente;
y en cuanto a los guardas de campo y monte les ordena, que actúen
conjuntamente con aquellas personas de más sabiduría,
poniendo en su cometido, la reciedumbre de sus cuerpos, la adversión
al soborno o la malicia, y el largo conocimiento de los montes que
tutelan".
En el párrafo anterior, encontramos definidos dos de os
colectivos básicos que actualmente siguen vigentes en materia
de Conservación de la Naturaleza, estos son: los Ingenieros
de Montes y Agentes Forestales.
El rey Carlos III, el 19 de abril de 1762 sanciona una Real Orden,
por la que se crea la compañía de Fusileros Guardabosques
Reales.
Su hijo Carlos IV, a finales del siglo XVIII, promueve un premio
sobre el tema: "¿Cuáles son los obstáculos
que impiden y atrasan en la actualidad la prosperidad de los montes
y plantíos de España?". El ganador del concurso
llegó a la siguiente conclusión: "Urge la necesidad
del establecimiento de una vigilancia tutelada por le estado, con
especial atención a los incendios y entradas de ganado a
las repoblaciones jóvenes".
En el año 1866, siendo reina Isabel II, ejercían
acción vigilante en los montes: la Guardería Rural,
los Guardas Mayores, los Guardas del Monte y del Estado y la Guardia
Civil.
Alfonso XII, en el año 1876, cesa todas las guarderías
y deja como vigilantes de monte únicamente a la Guardia Civil,
pero al año siguiente, por la Ley de Repoblaciones Forestales,
crea a los Capataces de Cultivo en los distritos Forestales, y dos
años después les autoriza denunciar los daños
que se causen a los bosques y se contratan los vigilantes temporales
de incendios.
En 1907, se hace especialmente preciso un cuerpo que se ocupe de
los montes, en su vigilancia y otras misiones incompatibles con
el carácter de la Guardia Civil, se crea sustituyendo al
anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal del Estado,
en el texto de su formación se dice: "El personal que
se elija, ha de vivir apartado de todo lo que significa influencia
o favor, y convencido de que sólo puede fiar la seguridad
de su destino y la recompensa de los ascensos al cumplimiento estricto
de sus deberes".
Durante la 2ª República, en el año 1935, se
crea el Patrimonio Forestal del Estado, que es reformado en el año
1941.
Gobernando el General Franco, y dependiendo de la Dirección
General de Montes, Caza y Pesca Fluvial, coexistían: La Guardería
Forestal del Estado, la Guardería del Servicio de Caza y
Pesca Continental y la Guardería del Patrimonio Forestal.
En el año 1971, se crea el Instituto Nacional para
la Conservación de la Naturaleza (I.C.O.N.A.). Este organismo
Autónomo crea su propia Guardería con la fusión
de los forestales del Patrimonio Forestal y el Servicio de Caza
y Pesca Continental, quedando como agregados los de la Guardería
Forestal del Estado.
Nuestro actual Rey, Juan Carlos I, en el año 1978, firma
el Real Decreto
nº 609/19789, por el cual, la denominación de Guarda
Forestal queda sustituida por la de Agente Forestal.
El día 6 de diciembre de ese mismo año es ratificada
por Referéndum la nueva Constitución, que recoge en
su título VIII el Estado de las autonomías.
Es en el año 1985, cuando cada autonomía tiene su
Guardería Forestal propia; al quedar finalizado el proceso
de transferencias de competencias en materia de Conservación
de la Naturaleza.
Durante el período histórico que acabamos de resumir,
comprobamos que existía una preocupación por impedir
los atentados ecológicos; la formación y evolución
de las sucesivas Guarderías Forestales, unido al esfuerzo
legislativo realizado así lo demuestran. El por qué
del progresivo deterioro de nuestra naturaleza, habría que
buscarlo en múltiples causas, algunas de las que consideramos
más importantes son:
- La dificultad de ejercer una vigilancia exhaustiva en extensas
demarcaciones territoriales.
- La necesidad que tenía la población eminentemente
rural de utilizar los recursos naturales para su subsistencia, que
degeneraría en muchos casos en abuso y codicia.
- Escasa dotación de recursos económicos, tanto
para tener personal suficiente, como para dotar a éste
de los medios necesarios.
- Excesiva burocratización y mala organización,
en una profesión cuya actividad se realiza en el campo.
- La idiosincrasia de los españoles.
Circunstancias éstas que no han variado en lo esencial en
la época actual.
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